La isla que ya no cabe en sí misma
Hay un momento, en la vida de cualquier isla, en el que deja de ser un lugar para convertirse en un escenario. Tenerife ya está ahí.
El modelo turístico que durante cuarenta años nos sacó de la pobreza ahora nos disputa la vivienda, el agua, las playas e incluso la posibilidad de aparcar el coche en el barrio de toda la vida.
No se trata de demonizar al visitante. Se trata de admitir que hemos cruzado un umbral y que las herramientas con las que pensábamos hace una década ya no sirven.
Lo que necesitamos no es más turismo, sino otro turismo. Y, sobre todo, necesitamos coraje político para tomar decisiones impopulares en el corto plazo.