Diversificar o repetir 2008: el dilema turístico de las Islas
Cada vez que oímos las cifras récord de ocupación deberíamos sentir, simultáneamente, dos emociones: orgullo y miedo.
Orgullo, porque el sector ha sabido reinventarse después de la pandemia. Miedo, porque seguimos siendo una economía monocolor en la que el 35% del PIB depende de un único cliente.
2008 enseñó a los Estados Unidos que cuando el ladrillo se cae, se cae todo. A nosotros nos enseñó exactamente lo mismo. Quince años después, seguimos sin haber aprendido la lección.