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domingo, 31 de mayo de 2026 · 19:53 · Santa Cruz de Tenerife
Guerra en Irán

Trump dice que no tiene prisa con Irán y exige un buen acuerdo

Donald Trump ha descartado cualquier urgencia en las conversaciones con Irán sobre su programa nuclear. El presidente de Estados Unidos ha dejado claro que no moverá ficha hasta encontrar lo que él mismo llama «un buen trato», sin establecer plazos ni señalar una fecha concreta para cerrar un acuerdo.

La declaración llega en un momento en que las negociaciones entre Washington y Teherán se mantienen en un punto de equilibrio inestable. Trump, fiel a su estilo de negociación, prefiere presentarse como la parte que puede permitirse esperar,.

La frase es breve pero cargada de intención. Decir que no hay prisa equivale, en el lenguaje de la diplomacia, a recordar al interlocutor que la necesidad de cerrar un acuerdo no es simétrica.

«Quiero un buen trato, no tengo prisa.»

Donald Trump·Presidente de Estados Unidos

Qué significa «un buen trato» para Washington

La expresión elegida por Trump no es casual. El término deal, traducido aquí como «trato» o «acuerdo», forma parte del vocabulario central de su identidad pública desde mucho antes de llegar a la política.

La diplomacia estadounidense lleva meses explorando canales de diálogo con la República Islámica, aunque las posiciones de partida siguen siendo distantes.

Desde una perspectiva más amplia, la actitud de Trump recuerda a la que adoptó con Corea del Norte en sus primeros años de mandato: escenificar apertura sin ceder en los puntos de fondo, dejando al otro lado la responsabilidad de hacer el siguiente movimiento. Aunque aquella vía tampoco produjo un acuerdo definitivo, sí mantuvo abiertas las comunicaciones.

El peso de las sanciones y el margen de Teherán

Esa presión económica es, precisamente, el argumento que sostiene la posición negociadora de Washington:.

Lo que sí es cierto es que la ausencia de plazos por parte de Trump puede leerse de dos formas distintas. Como señal de seguridad y paciencia estratégica, o como reconocimiento implícito de que un acuerdo a corto plazo no es realista.

Más allá de eso, la declaración sitúa la cuestión iraní en el tablero de la política exterior de Estados Unidos como un asunto abierto, sin calendario y sin garantías. La pregunta que queda en el aire es si esa calma calculada acabará facilitando el diálogo o simplemente prolongando una incertidumbre que ya dura décadas.

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