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miércoles, 3 de junio de 2026 · 10:43 · Santa Cruz de Tenerife
Ejercicio

Cinco minutos al día bastan para ganar músculo después de los 50

Un investigador de la Edith Cowan University en Australia demuestra que los movimientos excéntricos lentos son más eficaces que las rutinas tradicionales de gimnasio, incluso para personas con enfermedades crónicas.

Los movimientos de descenso lento y controlado, como la sentadilla con silla, son el núcleo de la técnica excéntrica.

Hay una creencia muy extendida: ponerse en forma después de los 50 exige esfuerzo, dolor y, casi obligatoriamente, una cuota de gimnasio. Pero un investigador de la Edith Cowan University en Joondalup, Australia, acaba de publicar un estudio en el Journal of Sport and Health Science que desmonta ese mito con datos concretos. Según sus conclusiones, bastan cinco minutos al día de movimientos simples y controlados para fortalecer la musculatura de forma real y sostenida.

Cruzar los 50 años viene acompañado, para muchas personas, de una pérdida gradual de masa muscular y un aumento de la grasa, tanto en el exterior como en el interior de los propios músculos. Las consecuencias son conocidas: menos fuerza, más fatiga y un riesgo mayor de caídas. A eso se suma que reducir la actividad física eleva la probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas y diabetes, lo que alimenta un círculo vicioso difícil de interrumpir.

El problema es que los mensajes habituales sobre el ejercicio físico no ayudan demasiado. La idea de que hay que sudar, sufrir agujetas y dedicar horas semanales al entrenamiento desanima a buena parte de la población adulta. Y ahí es donde entra la propuesta del profesor Kazunori Nosaka, autor del estudio y especialista en Ciencias del Ejercicio y el Deporte.

Qué son los ejercicios excéntricos y por qué funcionan mejor

La clave de la investigación de Nosaka está en los llamados movimientos excéntricos, es decir, los que implican la fase de descenso o alargamiento del músculo. Cuando uno baja lentamente desde la posición de pie hasta quedar en cuclillas, o cuando desciende con control en una flexión contra la pared, el músculo trabaja de una forma diferente a cuando sube o empuja. Y ese trabajo, según el estudio, genera más fuerza utilizando menos energía.

En términos prácticos, esto significa que el cuerpo se cansa menos, el corazón y los pulmones soportan menos presión, y los resultados son comparables o superiores a los de rutinas más exigentes. No hace falta levantar pesas ni correr en una cinta. Con movimientos como la bajada de una sentadilla apoyándose en una silla o las flexiones de brazos contra la pared, realizados de forma lenta y consciente, el músculo recibe el estímulo suficiente para mantenerse y crecer.

Cinco minutos al día. Eso es lo que propone el investigador australiano como punto de partida. No es una promesa vacía de aplicación de fitness: es la duración mínima que, según los datos del estudio, permite que los músculos noten el estímulo y empiecen a responder. La constancia pesa más que la intensidad.

Para quién sirve esta técnica y cuáles son sus ventajas adicionales

Una de las conclusiones más llamativas del trabajo de Nosaka es que esta forma de entrenar no está reservada exclusivamente para personas mayores de 50. El estudio concluye que los ejercicios excéntricos son adecuados para todas las edades y condiciones: desde niños hasta adultos mayores, desde personas en fase de recuperación de una lesión hasta deportistas de élite, pasando por quienes llevan una vida fundamentalmente sedentaria.

Esto tiene implicaciones prácticas importantes. Las personas con enfermedades crónicas que dificultan el ejercicio convencional, como ciertas patologías cardíacas o respiratorias, encuentran en este tipo de movimientos una alternativa viable. Al reducir la demanda sobre el corazón y los pulmones, el riesgo de sobresfuerzo disminuye de forma considerable.

Tampoco hace falta equipamiento especial ni un espacio dedicado. Una silla, una pared y unos minutos son suficientes. La sentadilla con descenso lento apoyada en el respaldo de una silla o las flexiones contra la pared son los dos ejemplos que recoge el estudio como ejercicios representativos. Accesibles, seguros y, según los datos, eficaces.

Lo que sí requiere esta técnica es atención y control del movimiento. La fase de bajada debe realizarse de forma pausada y consciente, sin dejarse caer. Ese es, precisamente, el punto donde el músculo trabaja de verdad. Apresurarse o hacer los movimientos de forma mecánica reduce el beneficio.

Al final, lo que propone Nosaka no es una revolución ni una fórmula mágica. Es una lectura diferente de cómo funciona el cuerpo humano cuando se le pide que se mueva con intención. Y esa lectura, respaldada por datos publicados en una revista científica especializada, invita a reconsiderar la relación que muchas personas adultas tienen con el ejercicio: no como una obligación dolorosa, sino como algo que puede integrarse en la rutina diaria sin grandes sacrificios.

Para quienes llevan tiempo posponiendo el momento de empezar a moverse, el mensaje del estudio es directo: no se trata de ir al gimnasio, ni de aguantar el dolor de las agujetas, ni de reservar una hora entera cada día. Se trata de bajar despacio cuando el cuerpo lo pide, de dejar que el músculo trabaje en silencio y de hacerlo con regularidad. Cinco minutos. Cada día. Eso es todo lo que pide la ciencia, por ahora.

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