Hoy, 30 de mayo, se celebra el Día de Canarias un día festivo en el que ensalzamos los valores del Archipiélago en todos los ámbitos y fomentamos entre todos la solidaridad y la unión entre todas Las Islas.

La verdad es que el transcurrir de estos casi 40 años nos ha llevado a construir una Comunidad Autónoma más consciente de sus fortalezas y debilidades. Hoy los canarios celebramos el Día de Canarias con el corazón en la mano, ayudando en todos los ámbitos a difundir los valores de nuestra tierra y participando en actos de exaltación de la canariedad que antes de la autonomía eran impensables.

Se eligió esta fecha porque es el aniversario de la primera sesión del Parlamento de Canarias con sede en la  Santa Cruz de Tenerife, que se celebró el 30 de mayo de 1982.

Tras un periodo preautonómico se consiguió aprobar el Estatuto de Canarias que reconocía una mayor autogestión del archipiélago canario dentro de España. Ese primer parlamento fue presidido por Pedro Guerra Cabrera cuando era presidente el también socialista Jerónimo Saavedra.

Pero el deseo de autonomía de Las Islas venía de más antiguo. Como en el caso de otras regiones de España, a partir de la Constitución de 1931, durante la Segunda República española, se intentó constituir una comunidad autónoma en Canarias con la presentación de un Estatuto. Se redactaron dos proyectos por la Mancomunidad Provincial Interinsular de Santa Cruz de Tenerife, y el Colegio de Agentes Comerciales de Las Palmas, y el proyecto unificado posterior de las dos Mancomunidades Provinciales, que preveían la creación de un Parlamento Canario. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil y los años de dictadura evitaron su puesta en práctica.​

Con la llegada de la democracia, la transición política en Canarias está marcada por el debate sobre el modelo económico, que comenzó en los años 70 con el debate sobre el Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF) y, más tarde, con el proceso de incorporación a la Comunidad Económica Europea.

En esos primeros años de autonomía hubo que luchar por crear un nuevo espacio en el que se tuvo que definir la relación y distribución de competencias entre los Cabildos Insulares y la creación desde cero de una nueva Comunidad Autónoma.

Otro de los asuntos de fondo, dirimido en los últimos años, ha sido el sistema electoral, con el que se pretendía que, sin dejar de ser representativo y democrático, evitara el predominio de una provincia sobre la otra y al tiempo se concediera a las islas menores una cierta sobrerrepresentación para ayudarlas a aumentar su influencia y eliminar los inconvenientes de la llamada «doble insularidad».

Otro elemento que ha influido en crear la Canarias que somos hoy fue la descolonización española del Sáhara Occidental, que tuvo múltiples efectos sobre la sociedad y política canaria entre los años setenta y ochenta. Entre ellos, el impacto económico y demográfico que supuso el regreso-expulsión de los canarios que vivían en el Sáhara ocupado por Marruecos, la nueva situación fronteriza de las islas en mitad del conflicto saharaui-marroquí, o los efectos sobre el banco pesquero.

Tras la aprobarse la Constitución española, se inició el debate para la elaboración del Estatuto de Autonomía de Canarias, que fue aprobado en agosto de 1982. El hecho de que los proyectos autonómicos de Canarias durante la República se quedaran en eso, meros proyectos, llevó a que los canarios iniciaran el camino hacia la autonomía casi desde cero y sin ser considerada comunidad histórica como el País Vasco o Cataluña.

Sin embargo, tras caminar unidos el sector político, económico y social de Las Islas se logró convertir a Canarias en una de las comunidades autónomas con mayores competencias, al mismo nivel que las llamadas “nacionalidades históricas” gracias a una reforma parcial del Estatuto, en 1996 que da a Canarias rango de nacionalidad.

La entrada de España como miembro de pleno derecho en la Unión Europea en 1986, y sobre todo tras el establecimiento del Fondo Europeo de Cohesión (1993), apuntalado en el REF, Canarias conoció una época de expansión económica sin precedentes basada en el turismo, la construcción y la exportación de productos agrícolas subvencionados (plátano y tomate fundamentalmente).

Tras intensos debates y bloqueos partidistas, en 2018 se aprobó un nuevo Estatuto de Autonomía para Canarias, que ofrece mayores garantías de autogobierno, garantiza por Ley las inversiones del Estado previstas en el Régimen Económico y Fiscal y, entre otras, cambia la denominación de La Graciosa de islote a isla, redefiniendo la geografía insular.

Durante veinte años, los transcurridos desde el ingreso en la Unión Europea,  Canarias vivió un gran impulso económico que llegó a su fin entre 2007 y 2009 con el inicio de una crisis financiera global que produjo una gran contracción del crédito privado y de los ingresos públicos, lo que en Canarias se tradujo en el desplome de la industria de la construcción y del sector servicios relacionado con el consumo, con el consiguiente aumento de las tasas de desempleo. El turismo fue el sector económico que mejor soportó este periodo.

Tras dos o tres años de intento de recuperación económica actualmente vivimos una nueva crisis, ésta sin precedentes, como consecuencia de la paralización total de nuestro sector productivo por excelencia, el turismo, consecuencia directa de las restricciones derivadas de la pandemia del Covid-19 que ha afectado a todo el planeta pero que ha sido nefasta para Las Islas.

Esta circunstancia sitúa al Archipiélago como la región española y europea con mayores tasas de desempleo, pero vivimos estos duros momentos con las esperanzas puestas en que nuestra condición de Región Ultraperiférica nos sirva para recibir los apoyos necesarios de España y Europa para volver a los años de bonanza económica que disfrutamos desde el inicio de la autonomía hasta la crisis de 2008.