La colada de lava alcanzó sobre las 23.00 horas de esta noche el océano Atlántico tras diez días manando del volcán y destruyendo a su paso numerosas edificaciones y fincas de plátanos. Ha caído desde el acantilado -que tiene unos 100 metros- y que está sobre la Playa de El Perdido.

El buque oceanográfico Ramón Margalef, que se desplazó a la isla desde Galicia para analizar este fenómeno desde el punto de vista marino dedicará la noche a estudiar las primeras consecuencias de la caída de la lava y seguirá analizando más directamente los efectos sobre el océano y los fondos marinos desde primeras horas de la mañana. 

En el encuentro de la lava, con una temperatura superior a los 1.000ºC, con el mar, que se encuentra a 20ºC, se produce un choque térmico que genera columnas (penachos) de vapor de agua cargados con ácido clorhídrico (HCl) como consecuencia del importante contenido de cloruro (Cl-) en el agua de mar.
Estas columnas de vapor de agua, de un color blanquecino, también contienen a su vez diminutas partículas de vidrio volcánico como consecuencia de la reacción que se produce entre la lava y el agua de mar al entrar en contacto.
Cabe señalar que la zona también está envuelta por humo negro correspondiente a la quema de las fincas de plátanos cercanas al acantilado por el que cae la colada de lava.
Estas columnas de vapor, de naturaleza ácida como consecuencia de la generación de ácido clorhídrico (HCl), representan un peligro local – bien delimitado – para las personas que visitan o se encuentran en la zona costera dónde se produce ese encuentro entre la lava y el mar. Por ello se ordenó el confinamiento de 300 vecinos de cuatro barrios del municipio de Tazacorte, cercanos al litoral.
Las columnas de vapor generadas por el encuentro entre la lava y el mar son unos penachos volcánicos menos energéticos. El régimen de vientos en la zona dónde se producen estos penachos volcánicos costeros contribuye a la dispersión de estas columnas, pero el peligro que representan es muy local, en el área donde se produce este encuentro de la lava con el mar.
La inhalación o el contacto de estos gases y líquidos ácidos pueden irritar la piel, los ojos y el tracto respiratorio, y puede provocar dificultades respiratorias, especialmente en personas con enfermedades respiratorias preexistentes.