El ambicioso plan de Marruecos para reinar en el fútbol mundial: lo que está haciendo
Los Leones del Atlas llevarán a Estados Unidos, Canadá y México a 19 futbolistas nacidos fuera de Marruecos, muchos elegibles por España, Francia o Bélgica. Una estrategia que empezó en Qatar 2022.
¿Cuántos futbolistas de la selección de Marruecos nacieron en otro país? La respuesta es 19 de los 26 convocados para el Mundial de 2026. No es casualidad ni improviso. Es el resultado de años de trabajo en los despachos de la Federación Marroquí de Fútbol, que ha sabido leer el reglamento de la FIFA mejor que nadie y convertirlo en una ventaja competitiva real.
Marruecos lleva años construyendo algo que va más allá del talento individual. Desde su histórica actuación en Qatar 2022, donde llegó a semifinales, el combinado africano ha trazado una hoja de ruta para consolidarse como potencia mundial. El seleccionador Mohamed Ouahbi tiene a su disposición un grupo de 26 jugadores que refleja décadas de emigración marroquí por todo el mundo. Madrid, Terrassa, Vic, Montpellier, Toulouse, Ámsterdam, Strombeek-Bever o Montreal son algunos de los lugares de nacimiento de sus estrellas.
Qué dice la FIFA y cómo lo aprovecha Marruecos
El reglamento de la FIFA no permite que cualquiera con pasaporte marroquí vista la camiseta de los Leones del Atlas. La normativa exige que el futbolista tenga la nacionalidad del país y, además, un vínculo deportivo-jurídico suficiente con esa federación. Ese vínculo puede venir por haber nacido en Marruecos, por tener padre, madre, abuelo o abuela nacidos allí, o por haber residido durante un periodo determinado en el país.
Si el jugador ya representó a otra selección, puede solicitar un cambio de asociación, pero solo bajo condiciones concretas. En particular, si no disputó partidos oficiales absolutos que lo ligaran definitivamente a la primera selección del otro país. La reforma moderna de estas reglas buscó dar más seguridad jurídica a los casos de doble nacionalidad, evitando al mismo tiempo las nacionalizaciones puramente oportunistas sin arraigo real.
Marruecos ha sabido moverse dentro de ese marco con una precisión llamativa. Muchos de sus convocados son hijos o nietos de la emigración marroquí, lo que significa que también podían ser elegibles por España, Francia, Países Bajos, Bélgica o Canadá. Pero la federación africana llegó antes, convenció mejor o simplemente conectó de forma más auténtica con la identidad de esos jugadores.
De Bono a Brahim: los rostros de una estrategia
La portería resume muy bien esta idea de doble pertenencia. Yassine Bono nació en Montreal, Quebec, por lo que podría haber sido internacional con Canadá. Sin embargo, se crio futbolísticamente en Marruecos tras regresar de niño con su familia, y eso le hizo elegir los Leones del Atlas sin dudarlo. Hoy es uno de los mejores porteros africanos de la última década.
Su suplente, Munir El Kajoui, nació en Melilla y pasó por clubes como el Ceuta, el Numancia o el Málaga. Pese a su vínculo territorial con España, eligió Marruecos para hacer carrera internacional.
Pero si hay un caso que resume la ambición de la federación marroquí, ese es el de Brahim Díaz. Nacido en Dos Hermanas, Sevilla, y formado en las categorías inferiores del Málaga antes de dar el salto al Manchester City, Brahim tenía opciones reales de jugar con España. En 2024 eligió Marruecos. Su decisión fue leída como una victoria deportiva y política de la federación africana, porque no llegaba un descarte: llegaba un futbolista de primer nivel y en plena edad competitiva.
El contraste con Lamine Yamal es inevitable. El extremo del Barcelona, con raíces marroquís por parte de padre, optó por España, con quien ya ha conquistado una Eurocopa siendo una de sus piezas más determinantes. Dos casos, dos elecciones, dos historias que reflejan la complejidad de la identidad futbolística en el siglo XXI.
El eje hispano-marroquí es el más visible, pero no el único. Achraf Hakimi, nacido en Madrid, fue durante años el gran símbolo de aquella generación criada en España que eligió Marruecos. Su caso precedió al debate que luego se intensificó con los nombres de Brahim o Yamal: jugadores nacidos y formados en España, con una identidad familiar marroquí muy presente, que tuvieron que elegir entre dos banderas.
Lo que ha hecho Marruecos no es trampa ni irregularidad. Es política deportiva inteligente, ejecutada con paciencia y conocimiento del reglamento. La federación identificó a los hijos de la diáspora, mantuvo el contacto con ellos desde categorías inferiores y les ofreció un proyecto ganador. El resultado es un equipo que, en papel, combina arraigo emocional con nivel técnico contrastado en las mejores ligas del mundo.
Ahora llega el momento de la verdad. El Mundial de 2026, que se disputará entre Estados Unidos, Canadá y México, dirá si toda esa ingeniería de despacho se traduce en resultados sobre el césped. Los Leones del Atlas tienen la presión de demostrar que Qatar 2022 no fue un accidente, sino el punto de partida de algo más grande.