Las necesidades de la piel varían con la edad. A partir de los 50 años la deshidratación, la flacidez y los cambios hormonales propios de la menopausia pueden favorecer la aparición de arrugas marcadas y la pérdida de firmeza y densidad.

Si eres de las que ha llegado a la década de los 50, seguro que te asomas a esta nueva etapa con las cosas claras: porque ya no queremos luchar contra el tiempo, sino aliarnos con él. No pretendemos aparentar 30 años a golpe de bisturí, ni queremos batallar con la edad, sino sentirnos lo mejor posible en ella. Envejecer bien (más conocido como ‘wellaging’) de la mano de la prevención y con ayuda de esos tratamientos que te aportan firmeza sin cambiar la expresión del rostro. Todo esto es posible con la ayuda de la cosmética, una buena alimentación y unos hábitos saludables (ejercicio, calidad del sueño). Te lo explicamos:

Así evoluciona la piel

Durante la menopausia, las arrugas en la piel tienden a acentuarse. La razón está en que producimos menos grasa, sintetizamos peor la elastina y disminuye la concentración de ácido hialurónico en nuestra piel. Por eso, la sequedad entra en escena, perdemos elasticidad y la piel se ve apagada, sin luz.

Para tratar estos déficits hay que cuidar mucho la alimentación, proteger a la piel de los agentes que la dañan (sol, contaminación…) y establecer una buena rutina cosmética que cubra todas sus necesidades.