Las ONG ambientales han manifestado que el año transcurrido desde la declaración del estado de alarma que conllevó un duro confinamiento social –el 14 de marzo de 2020– ha mostrado el “espejismo” de que con firme voluntad política y ciudadana es posible atajar la emergencia climática. En declaraciones a Europa Press destacan que la esperanza está en que los fondos de recuperación se utilicen de manera inteligente para acometer la necesaria transición ecológica.

La portavoz de Amigos de la Tierra, Blanca Ruibal, ha destacado que entre los efectos ambientales más negativos para la pandemia está la “crisis de los cuidados” que afecta más a las mujeres y que no se puede desligar los problemas sociales de los ambientales.

Por el contrario, subraya que el COVID-19 ha generado una “gran movilización” de los ciudadanos para defender los huertos, los mercados agroecológicos y otras formas de distribución alternativas a los grandes supermercados que suponen, a su juicio, un problema ambiental y económico. También celebra que pese al confinamiento, el activismo político para defender la lucha contra el cambio climático no se ha paralizado.

Por último, confía en que la “inesperada prueba piloto que ha supuesto el teletrabajo sirva para mantener transformaciones profundas” para no volver “nunca” a la normalidad anterior y lograr tiempo “para la vida y para el planeta”.

Mientras, el coordinador estatal de Ecologistas en Acción, Francisco Segura, observa que la principal “lección” ambiental del SARS-COV-2 tras un año de estado de alarma radica en que ha demostrado que “si se quiere y se tienen claros los objetivos en una emergencia se pueden tomar medidas drásticas, inicialmente disparatadas y absolutamente radicales cuando la necesidad apremia”.

Castejón se queda con la demostrada capacidad de actuación “impresionante” para destinar recursos a la investigación y a la cooperación lo que demuestra “el gran potencial para el cambio” que existe en la sociedad. Si bien, advierte de que si no damos la misma prioridad a la emergencia climática no habrá cambio porque las “pequeñas actuaciones sin continuidad no generan un efecto ambiental positivo”. Recuerda así la reducción de las emisiones de CO2 durante los meses de “parón drástico” pero lamenta que enseguida se han recuperado los niveles “normales pre-pandemia, en cuanto se abrió un poco la mano”.

Otro aspecto perjudicial importante para Segura es el “nuevo” retraso a la actividad legislativa dirigida para afrontar la emergencia climática, pero confía en el potencial del Plan de Transformación, Recuperación y Resiliencia. No obstante, advierte: “Puede ser una inyección de dinero para dar un giro importante al modelo pero con la rapidez que se está tramitando parte de su potencialidad se podría perder e incluso apuntalar algunas de las acciones que nos han llevado a este punto”.

Más que riesgos, el director ejecutivo de Greenpeace, Mario Rodríguez, ve oportunidades y opina que “lo más relevante” del año es la transformación y la recuperación de la crisis que “se va a hacer en clave verde” y confía en que en la salida del coronavirus lo que va a dominar es la transición ecológica a diferencia de lo que ocurrió en 2008.

EFECTO ESPEJISMO

“Hemos tenido un efecto espejismo. Cuando estuvimos confinados vimos que se reducían el tráfico y las emisiones, pero cuando hemos vuelto a la esta nueva normalidad tutelada hemos recuperado las boinas de contaminación. Solo era un espejismo de que la naturaleza recuperaba el alieno, pero demostró que el cambio es factible”, ha apostillado Rodríguez para quien el balance es agridulce.

Otra de las cuestiones clave en este año es que a pesar de la pandemia la ley de cambio climático no se ha quedado en un cajón y ha ido avanzando, mientras que la peor parte, a su juicio, es que a pesar de que en la agenda política “domina lo verde”, las comunidades autónomas están demandando fondos pero, al mismo tiempo están degradando las exigencias de la legislación y la protección ambiental. “Quieren ayudas para mejorar el medio ambiente pero rebajan la protección ambiental para acelerar el acceso a las subvenciones. Es una contradicción”, valora Rodríguez.

Mientras, la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, no ve “nada bueno” en esta situación que ha truncado “miles de vidas” y ha generado una crisis “social sin precedentes”. En términos ambientales, señala que los indicadores ambientales que se han puesto en verde solo reflejan una situación puntual y, además, vuelven a rojo con rapidez, algo que se observa en la calidad del aire de las ciudades, que en el último trimestre de 2020 recuperaron los niveles prepandemia.

No obstante, apunta que la pandemia ha abierto el debate de la relación con la naturaleza y el término zoonosis ha dejado de ser un tecnicismo. “La clave está en no olvidar lo que ha pasado y trabajar desde ya en la prevención, para lo cual es imprescindible dejar de vivir de espaldas a la naturaleza, como hemos hecho hasta ahora”, señala.

Respecto al futuro, Ruiz estima que la crisis sin precedentes requiere de un “descomunal esfuerzo de transformación, colaboración, cooperación y consenso sectorial y territorial. Así, insiste en que el programa de recuperación que ha puesto la UE sobre la mesa es una oportunidad sin precedentes, pero alerta de que se fallará si “todo ese dinero público se emplea para mantener un modelo que está gripado”.

Finalmente, el secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo, rememora que el estado de alarma y la pandemia provocaron el aplazamiento de la Cumbre del Clima de Glasgow y de la Cumbre de Biodiversidad que tenían que “confluir en medidas globales”. “Ya íbamos contrarreloj pero esperamos retomar la agenda este 2021 y poner medidas serias”, explica Del Olmo.

Sin embargo, cree que “no ha venido mal del todo dado el cambio de Gobierno en Estados Unidos, lo que permite ver 2021 con una perspectiva política diferente que permitirá una mayor ambición climática y en la gobernanza global”.

Entre las lecciones aprendidas tras la “sacudida” del COVID está el concepto One Health, que refleja la interacción entre la salud humana y de los animales domésticos y silvestres. Al mismo tiempo considera que los humanos “emocionalmente se han dado cuenta de lo que necesitan la naturaleza” a lo largo del confinamiento.

Por último, se queda también con la comprobación de que cambios que parecían imposibles se pueden hacer rápido si se quiere, como el teletrabajo, el turismo intensivo o la contaminación en las ciudades. “El cambio es posible, solo hace falta tener voluntad para ello”, subraya Del Olmo que recuerda que las grandes amenazas, sin embargo, no se han frenado.

Finalmente, entre sus críticas ha añadido que los sistemas de gobernanza internacional “no están preparados para responder a los grandes desafíos”. “Nos ha costado reaccionar con la pandemia e igual de mal o peor estamos para reaccionar ante las grandes emergencias ambientales. Reaccionamos cada uno para un lado y desunidos”, concluye.