El brote de ébola en el Congo supera los 780 casos y amenaza con ser el peor de la historia
El director del CDC de África advierte que el brote podría superar la epidemia de 2014-2016, que mató a más de 11.000 personas. La tasa de rastreo de contactos ha caído al 56%.
El brote de ébola declarado hace un mes en la República Democrática del Congo ha alcanzado 782 casos confirmados y 181 muertes, según datos del Ministerio de Salud congoleño. El director general del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (CDC África) advirtió el martes que el brote podría convertirse en el más grave jamás registrado, superando incluso la epidemia que asoló África Occidental entre 2014 y 2016.
La alarma la lanzó Jean Kaseya, director general del CDC de África, durante una reunión virtual de jefes de Estado africanos celebrada en Burundi. Sus palabras dejaron poco margen para la duda.
«Si no detenemos el brote muy pronto, será peor que lo que tuvimos en África Occidental y el este de la República Democrática del Congo.»
Jean Kaseya·Director General del CDC de África
La comparación de Kaseya apunta directamente al brote que entre 2014 y 2016 afectó a Guinea, Liberia y Sierra Leona, y que causó la muerte de más de 11.000 personas. También alude a un brote menos letal ocurrido en el Congo en 2018. Que un responsable sanitario de esa jerarquía utilice esos referentes como umbral de peligro dice mucho sobre la gravedad de lo que está ocurriendo en Ituri.
Un virus poco común y centros de tratamiento desbordados
El brote está causado por el virus Bundibugyo, una cepa poco frecuente que no fue incluida en las pruebas diagnósticas durante los primeros días del brote. Esa demora contribuye a explicar por qué el total de casos podría ser aún mayor: el brote se confirmó oficialmente el 15 de mayo, semanas después de que se sospecha que comenzó. El virus Zaire, más conocido y para el que ya existe una vacuna, fue el responsable de la mayoría de los 16 brotes anteriores registrados en el Congo.
Los centros de tratamiento se encuentran desbordados. Muchos pacientes llegan en etapas avanzadas de la enfermedad y, en la mayoría de los casos, no habían sido identificados previamente como contactos de personas infectadas. Así lo describió Kate White, coordinadora médica de emergencias de Médicos Sin Fronteras en la República Democrática del Congo, el lunes.
«Un mes después, el brote de ébola está superando los esfuerzos de respuesta», señaló White, quien añadió que nadie conoce todavía «la verdadera magnitud ni exactamente dónde se está propagando la enfermedad».
El domingo, el Ministerio de Salud congoleño reportó 72 nuevos casos en un periodo de 24 horas y 29 nuevas muertes confirmadas, uno de los aumentos diarios más pronunciados desde el inicio del brote. Las propias autoridades reconocieron que las cifras reflejan tanto la aceleración del virus como una vigilancia más activa: las comunidades están reportando casos sospechosos y los equipos de respuesta los están investigando.
El rastreo de contactos, en caída libre
Uno de los indicadores más preocupantes es la tasa de rastreo de contactos, que se sitúa en el 56%, una caída significativa respecto a la semana anterior. Decenas de miles de personas que pudieron haber estado expuestas al virus siguen sin ser localizadas, según reconoció el propio Kaseya. No se ha dado una explicación inmediata para ese descenso.
Las autoridades sanitarias congoleñas han señalado previamente que el rastreo se ha visto obstaculizado por la resistencia de algunas comunidades y por la expansión del brote hacia nuevas zonas de salud, lo que multiplica la carga de trabajo de los equipos de vigilancia. La geografía no ayuda: la provincia de Ituri, donde se concentra más del 90% de los casos, tiene bosques densos, carreteras en mal estado y aldeas remotas a las que puede llevar días llegar.
A eso se suma el desplazamiento de población. Según la oficina humanitaria de la ONU, casi un millón de personas han sido desplazadas en Ituri por años de conflicto armado. Esa movilidad constante, motivada por los ataques y la inseguridad, convierte el rastreo de contactos en una tarea extraordinariamente difícil. También se han registrado casos en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, y el virus ha cruzado la frontera hacia Uganda.
Más allá de eso, la dimensión real del brote podría ser superior a la que reflejan las cifras oficiales. El retraso en la confirmación, la cepa atípica que no se buscó en los primeros días y las dificultades de acceso en zonas remotas apuntan a que el número de casos confirmados es probablemente una subestimación.
El CDC de África es el organismo especializado de la Unión Africana responsable de la vigilancia epidemiológica, la preparación ante emergencias de salud pública y la coordinación de respuestas sanitarias en el continente. Su papel en este brote es central, tanto en la coordinación técnica con el gobierno congoleño como en la interlocución con organismos internacionales.
Lo que ocurra en las próximas semanas determinará si el brote puede contenerse antes de que supere los registros de la epidemia de 2014-2016. La próxima evaluación de la tasa de rastreo de contactos y la capacidad de ampliar los centros de tratamiento serán los indicadores que marcarán la evolución de una crisis que, por ahora, sigue sin estar bajo control.