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viernes, 17 de julio de 2026 · 11:39 · Santa Cruz de Tenerife
Opinión

Antonio Alarcó alerta del avance de la omertá en las instituciones

Antonio Alarcó alerta del avance de la omertá en la política y la sanidad y advierte de que la ley del silencio debilita la transparencia institucional.

Paula Perdomo
Paula Perdomo

Antonio Alarcó alerta de que la «omertá» se extiende en la política y la sanidad y amenaza la transparencia institucional

El adjunto primero de la Diputación del Común de Canarias y doctor en Ciencias de la Información y Sociología, Antonio Alarcó, advierte de que la omertá, conocida como la ley del silencio, se ha convertido en un fenómeno cada vez más presente en distintos ámbitos de la vida pública. A su juicio, esta cultura del silencio está generando graves distorsiones institucionales, dificulta la detección de irregularidades y debilita la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas, especialmente en la política y en determinadas estructuras del sistema sanitario nacional.

La ley del silencio, una patología social con impacto institucional

Antonio Alarcó, doctor en periodismo científico en España, sostiene que la omertá, un término originario del código de silencio de la mafia siciliana, ha trascendido su significado histórico para describir una realidad cada vez más frecuente en organizaciones públicas y privadas. Según explica, actualmente hace referencia a aquellas situaciones en las que el miedo, la presión del grupo o una lealtad mal entendida impiden denunciar errores, abusos o irregularidades que afectan directamente al interés general.

«Es una evidencia científica que estamos viviendo un momento en el que la omertá anda con absoluta normalidad por distintos ámbitos de nuestra sociedad. Y eso hace mucho daño», afirma el catedrático.

En su opinión, esta dinámica constituye una auténtica patología social, ya que favorece la impunidad, dificulta la corrección de los problemas y erosiona progresivamente la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones. Además, advierte de que el problema se agrava cuando no solo existe silencio, sino una ocultación consciente de hechos relevantes que deberían ser conocidos para garantizar el correcto funcionamiento de las administraciones.

El silencio no es prudencia, sino complicidad

Para Alarcó, una de las principales confusiones consiste en identificar el silencio con la prudencia. Sin embargo, sostiene que ocurre exactamente lo contrario cuando callar sirve para proteger comportamientos inadecuados o impedir que la verdad salga a la luz.

«El silencio no es rentable, es imprudencia», asegura.

El adjunto primero de la Diputación del Común de Canarias considera que estas situaciones aparecen cuando las organizaciones desincentivan la crítica interna, cuando los trabajadores optan por guardar silencio por miedo a perder su empleo o sufrir represalias, o cuando determinados responsables son protegidos pese a conocerse actuaciones presuntamente irregulares.

En este contexto, advierte de que la cultura del silencio termina perjudicando no solo a quienes deciden denunciar, sino al conjunto de la sociedad. «La omertá no solo perjudica a quien decide hablar, sino a toda la sociedad, porque impide que los problemas salgan a la luz y puedan resolverse», subraya.

Una amenaza para la transparencia y la democracia según Antonio Alarcó

Alarcó sostiene que una democracia sólida necesita instituciones abiertas al escrutinio público y ciudadanos capaces de expresar críticas sin temor a represalias. A su juicio, la cultura del silencio debilita los mecanismos de control, dificulta la rendición de cuentas y permite que determinadas conductas permanezcan ocultas durante largos periodos de tiempo.

«Una democracia sólida necesita instituciones transparentes y ciudadanos capaces de expresar críticas sin temor», afirma.

El especialista recuerda que numerosos casos de corrupción, abusos de poder o episodios de mala gestión únicamente pudieron conocerse porque alguna persona decidió romper el silencio y denunciar lo ocurrido. Esa capacidad de señalar los errores, sostiene, constituye uno de los pilares fundamentales para garantizar la calidad democrática y el buen funcionamiento de las instituciones públicas.

«La transparencia fortalece las instituciones; el silencio las debilita. Una democracia madura necesita personas capaces de hablar cuando las circunstancias lo exigen, no organizaciones que premien el silencio», manifiesta.

Reconocer los errores fortalece las instituciones

Lejos de considerar que las críticas deterioran la imagen de las organizaciones, Antonio Alarcó defiende que el verdadero prestigio institucional reside precisamente en la capacidad para reconocer los errores, corregirlos y aprender de ellos.

Desde su punto de vista, favorecer un entorno donde exista libertad para discrepar y denunciar irregularidades no supone una amenaza para las instituciones, sino una oportunidad para mejorar su funcionamiento y reforzar la confianza de los ciudadanos.

«La crítica responsable no debilita las organizaciones, las hace más fuertes. Solo cuando existe libertad para discrepar y denunciar las irregularidades es posible mejorar el funcionamiento de las instituciones y reforzar la confianza de los ciudadanos», concluye.

En este sentido, Alarcó insiste en que combatir la cultura del silencio exige promover mecanismos eficaces de protección para quienes denuncian irregularidades, impulsar organizaciones más transparentes y fomentar una cultura basada en la responsabilidad, la ética pública y la rendición de cuentas. Solo así, sostiene, será posible evitar que el miedo o la presión colectiva se impongan sobre el interés general y garantizar que las instituciones respondan de forma eficaz a las demandas de la ciudadanía.

Puntos clave

  • La omertá o ley del silencio se está extendiendo, según Antonio Alarcó, en ámbitos como la política y determinadas estructuras sanitarias.
  • El catedrático considera que el silencio favorece la impunidad, dificulta la detección de irregularidades y constituye una auténtica patología social.
  • Defiende que la transparencia, la crítica responsable y la protección de quienes denuncian son esenciales para fortalecer las instituciones democráticas.
  • Afirma que el prestigio institucional no depende de ocultar los errores, sino de reconocerlos, corregirlos y aprender de ellos.

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