Madres y body shaming: el estudio de la ULL que revela cómo se heredan los juicios sobre el cuerpo
Una investigación de la Universidad de La Laguna analiza cómo los comentarios sobre la apariencia física en el ámbito…
Un estudio exploratorio de la Universidad de La Laguna (ULL) detecta que las críticas sobre el físico en mujeres jóvenes residentes en Canarias se transmiten principalmente desde la figura materna, como parte de un patrón intergeneracional de violencia estética.
La investigación, titulada Violencia estética en la familia: Análisis del body shaming y sus efectos en las mujeres jóvenes, fue publicada en la revista Obets. Sus autores son Paulo Adrián Rodríguez Ramos y José Manuel Díaz González, del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales de la ULL, junto con las trabajadoras sociales y egresadas de esta universidad Jennifer Liliana González Hernández y Yashira González García.
El estudio analizó las consecuencias del body shaming, definido como la crítica o ridiculización del cuerpo, en el entorno familiar. Participaron 21 mujeres de entre 18 y 30 años residentes en Canarias: seis fueron entrevistadas individualmente y otras quince formaron parte de tres grupos de discusión.
Los resultados señalan que los ideales estéticos forman parte de un sistema sociocultural que las mujeres interiorizan y reproducen en sus relaciones cercanas. En este contexto, «la figura materna aparece como uno de los principales agentes de transmisión de estos discursos», según el estudio. Las participantes identificaron a sus madres como la fuente más recurrente de comentarios críticos o prescriptivos sobre su apariencia.
Bromas y consejos maternos generan malestar corporal persistente
El estudio destaca que estos comentarios suelen integrarse en conversaciones cotidianas y adoptan formas que no siempre son percibidas como agresivas. «Bromas, consejos o expresiones formuladas desde la ‘preocupación’ pueden convertirse, cuando son reiteradas, en mecanismos de control corporal que generan un malestar persistente», indican los autores.
Las reuniones familiares son uno de los escenarios habituales para estos comentarios, que no se limitan al peso. También incluyen valoraciones sobre la apariencia general o la forma de vestir. Los investigadores subrayan que este comportamiento no se atribuye a la responsabilidad individual de las madres, sino a «una transmisión intergeneracional de mandatos estéticos que ellas mismas han interiorizado».
Todas las participantes manifestaron mantener, en distintos grados, una relación conflictiva con su cuerpo. Algunas describieron esta relación como «tóxica» o en crisis tras años de exposición a comentarios sobre su apariencia. Además, señalaron sentimientos de inseguridad, incomodidad y autocensura, especialmente al interactuar con familiares que previamente habían realizado observaciones sobre sus cuerpos.
El estudio relaciona estas experiencias con diferentes formas de malestar psicológico y advierte de su posible incidencia en la autoestima y la salud emocional. «Comentarios aparentemente cotidianos pueden dejar una huella prolongada en la manera en que las mujeres perciben y valoran su propio cuerpo», afirman los autores.
Miedo al conflicto frena límites ante juicios familiares normalizados
Las participantes describieron un estado de vigilancia ante la posibilidad de recibir nuevos juicios, lo que puede limitar su espontaneidad y afectar los vínculos familiares. Aunque algunas lograron establecer límites, el proceso fue descrito como «emocionalmente costoso y no siempre efectivo».
Entre las barreras mencionadas destacan el miedo al conflicto, el temor a deteriorar el vínculo afectivo y la normalización de estas observaciones como una forma de preocupación o cariño. En algunos casos, tras expresar estos límites, la respuesta familiar consistió en evitar temporalmente conversaciones sobre el cuerpo o la alimentación, generando una atmósfera incómoda.
El estudio identifica un «ciclo intergeneracional de gordofobia y presión estética». Muchas de las madres de las participantes también sufrieron esta presión estética, por lo que los autores plantean comprender estos comportamientos como parte de «un fenómeno estructural y cultural que se transmite mediante el lenguaje, las actitudes y las prácticas cotidianas».
La investigación propone repensar las dinámicas familiares desde «una ética del cuidado basada en el respeto a la diversidad corporal». También sugiere impulsar programas educativos y políticas que incorporen una mirada crítica sobre los discursos estéticos y favorezcan la alfabetización corporal y emocional dentro de los hogares.