El Día de Canarias llena las islas de música y cultura popular
El archipiélago celebra su fiesta grande con actos repartidos por las ocho islas, donde la tradición y la música popular toman las calles y las plazas.
El Día de Canarias ha convertido este 30 de mayo en una jornada de fiesta colectiva en todo el archipiélago. Desde La Graciosa hasta El Hierro, las plazas y los espacios públicos se han llenado de música, danzas tradicionales y muestras de cultura popular que recuerdan lo que une a las ocho islas más allá de los kilómetros de océano que las separan.
En Santa Cruz de Tenerife, el ambiente se ha notado desde primera hora de la mañana. Vecinos de los barrios de La Salud y Ofra se han acercado a los actos organizados en los alrededores del Parque García Sanabria, donde grupos de folclore han ofrecido una muestra del repertorio más reconocible de la tradición canaria. «Es el día que más canario me siento», admitía una señora de mediana edad que esperaba sentada en un banco, con su nieta de la mano, antes de que empezara la actuación.
Ese tipo de escena se ha repetido en decenas de municipios. En La Orotava, en Garachico, en el sur de la isla, en Las Palmas de Gran Canaria y en los pueblos más pequeños de La Palma o La Gomera. El Día de Canarias, que conmemora la aprobación del Estatuto de Autonomía el 30 de mayo de 1983, ha dejado de ser un acto institucional para convertirse en algo más parecido a una fiesta de barrio a escala archipiélago.
Tradición que no necesita escenario grande
Lo llamativo de esta edición es que buena parte de los actos más concurridos no han sido los grandes eventos en auditorios o recintos cerrados, sino las actuaciones en la calle, en plazas de pueblo y en patios de colegios. La lucha canaria, el silbo gomero, los grupos de timple y los bailes folclóricos han protagonizado una programación descentralizada que ha buscado acercar la cultura a la gente, no al revés.
En municipios como Tegueste o Tacoronte, la celebración ha tenido ese sabor de romería tranquila que conoce bien quien vive en el norte de Tenerife. Nada de grandes pantallas ni de presentadores con micrófono. Solo música, gente en la calle y el olor a comida que sale de los puestos improvisados junto a la iglesia.
¿Es eso suficiente para que las generaciones más jóvenes sientan como propia una fecha que para muchos sigue siendo, sobre todo, un día sin cole o sin trabajo?
La cultura popular como argumento político y como vivencia real
Cada año, el Día de Canarias genera el mismo debate de fondo: si la identidad canaria se celebra de verdad o si se usa más como escaparate que como ejercicio colectivo auténtico. Las instituciones despliegan actos, los cabildos organizan programas y los ayuntamientos se llenan de banderas. Sin embargo, lo que queda en la memoria suele ser lo más pequeño: el grupo de mayores que tocó el timple en la plaza, el niño que aprendió a bailar un baile de las islas en el patio del colegio, la vecina que sacó el traje regional del armario por primera vez en años.
La música popular canaria tiene en el timple su símbolo más reconocible, pero la programación de este 30 de mayo ha demostrado que el folclore del archipiélago es mucho más amplio: desde las melodías de La Gomera, con el silbo como referente internacional, hasta las tradiciones de El Hierro, cuya Reserva de la Biosfera le da un valor añadido que pocas regiones del mundo pueden presumir.
La imagen turística de Canarias vende playas, volcanes y sol todo el año. Lo que se celebra hoy, sin embargo, es otra cosa: la memoria compartida de ocho islas que construyeron una identidad propia con lo que tenían a mano, el gofio, el mojo, la lucha, el timple y las ganas de juntarse en la plaza cuando hay motivo.
La pregunta que queda en el aire, ahora que las actuaciones van terminando y la gente vuelve a casa, es si hace falta esperar al 30 de mayo del año que viene para volver a sacar todo eso a la calle.