¿Por qué Canarias se llamó Islas Afortunadas antes que Canarias? La respuesta te sorprenderá
Antes de ser Canarias, el archipiélago tuvo nombres como Islas de los Dioses o Purpurarias. Te contamos el origen de estas denominaciones y por qué solo una sobrevivió hasta hoy.
El archipiélago que hoy conocemos como Canarias no siempre tuvo ese nombre. Durante siglos, griegos y romanos lo imaginaron como un paraíso remoto, un lugar donde los héroes descansaban y la tierra daba frutos sin esfuerzo. La respuesta está en la mitología, la geografía y hasta en un tinte valioso que atrajo a los antiguos navegantes.
Antes de que el nombre Canarias se impusiera, estas islas fueron un territorio más imaginado que real. Para los griegos, eran las Makáron Nêsoi, las Islas Afortunadas, un concepto que Homero vinculó a los Campos Elíseos, el lugar donde reposaban los héroes. Los romanos, por su parte, las llamaron Fortunatae Insulae, heredando esa idea de un paraíso en el extremo occidental del mundo conocido.
De los dioses a la púrpura: los nombres que perdieron las islas
Plinio el Viejo, en su Historia Natural, aportó una de las descripciones más solemnes: seis islas de los dioses, que algunos identificaban con las Afortunadas. Pero hubo más nombres.
Lo que se contaba de estas islas las convertía en un mito. El general romano Sertorio, en el siglo I a.C., escuchó de un marinero que había estado allí: dos islas con clima agradable, lluvias escasas y vientos refrescantes. Horacio, el poeta, escribió que producían cosechas sin necesidad de arar y que la viña florecía sin poda. Eran, en resumen, un paraíso donde se comía sin trabajar.
No hay certeza absoluta. Estas descripciones podrían corresponder a otras islas de la Macaronesia, como Madeira o las Azores. Lo que sí está claro es que, para los antiguos, estas tierras eran un destino soñado, no un lugar concreto en el mapa.
El nombre que sobrevivió: cómo Canaria se convirtió en Canarias
La primera mención escrita del nombre Canaria aparece en un texto de Plinio el Viejo, que recoge los hallazgos de la expedición del rey Juba II de Mauritania en el año 6 d.C. Este monarca, en su tratado Sobre Libia, describió un archipiélago con nombres como Ombrios, Junonia, Capraria, Ninguaria y Canaria. Sin embargo, la mayoría de estas denominaciones son de asignación dudosa.
Solo dos nombres tienen una identificación razonablemente segura: Ninguaria, que corresponde a Tenerife por sus nieves perpetuas, y Canaria, vinculada a Gran Canaria. Sobre el origen de este último nombre, la explicación más repetida es la de los perros. Plinio lo relacionó con el gran número de canes que habitaban la isla, aunque esta teoría ha sido discutida.
Lo indiscutible es que Canaria fue el único nombre que sobrevivió. Primero designó solo a Gran Canaria, pero con el tiempo se extendió a todo el archipiélago. Así, de las Islas de Canaria a simplemente Canarias, el nombre que hoy conocemos se impuso sobre todos los demás.
¿Qué significan estos nombres para los canarios de hoy?
Para los habitantes actuales de Canarias, estos nombres antiguos no son solo curiosidades históricas, sino parte de una identidad que conecta el presente con un pasado mitológico. Las Islas Afortunadas, por ejemplo, siguen siendo un símbolo de la singularidad geográfica y cultural del archipiélago. Este concepto ha trascendido el ámbito histórico para convertirse en un elemento clave del imaginario colectivo, presente en la literatura, el arte e incluso en el turismo.
Además, la herencia de estos nombres se refleja en la toponimia local. Municipios como Teguise (Lanzarote), cuyo nombre proviene del bereber teghezze (‘lugar de piedras’), o Gáldar (Gran Canaria), vinculado al término aborigen agaldar (‘lugar de reyes’), son ejemplos de cómo el pasado prehispánico sigue vivo en el lenguaje cotidiano. Incluso el nombre de la isla de Fuerteventura podría derivar de la expresión latina vientos favorables que facilitaban la navegación, que aludía a los vientos favorables que facilitaban la navegación.
Hoy, instituciones como el Gobierno de Canarias y el Instituto Universitario de Lingüística Andrés Bello Bello de la Universidad de La Laguna trabajan en la preservación y difusión de este patrimonio lingüístico. A través de proyectos de investigación y divulgación, se busca rescatar el significado de estos nombres y su relevancia para entender la evolución cultural del archipiélago.
Próximos pasos: cómo seguir explorando la historia de Canarias
Quienes deseen profundizar en la historia de los nombres de Canarias pueden consultar fuentes oficiales como el Museo de la Naturaleza y el Hombre en Santa Cruz de Tenerife, que alberga una de las colecciones más completas sobre la cultura aborigen canaria. Este museo ofrece exposiciones permanentes y temporales que exploran desde la prehistoria hasta la llegada de los europeos, incluyendo la evolución de la toponimia insular.
Otra opción es visitar el Archivo Histórico de Canarias, ubicado en Las Palmas de Gran Canaria, donde se conservan documentos históricos que registran la evolución de los nombres de las islas. Este archivo es una herramienta invaluable para investigadores y curiosos que busquen rastrear el origen de términos como Canaria o Ninguaria en fuentes primarias.
Estos nombres antiguos nos recuerdan que Canarias no siempre fue un lugar concreto en los mapas, sino un destino imaginado, un paraíso en el horizonte. Y aunque hoy sepamos exactamente dónde está, su historia sigue guardando ese halo de misterio y fortuna que la hizo única desde el principio. Para los canarios, este legado no es solo un capítulo del pasado, sino una parte viva de su identidad.