600 años bajo tierra: el esqueleto de Lanzarote que reescribe la historia de la enfermedad de Paget
Un hombre enterrado en el siglo XV en San Marcial de Rubicón presenta las lesiones óseas más antiguas documentadas de esta patología fuera de Europa. El hallazgo, publicado en 'International Journal of Paleopathology', arroja luz sobre la vida en los primeros asentamientos europeos de Canarias.
Un esqueleto de más de 600 años, hallado en las excavaciones de San Marcial de Rubicón (Lanzarote), ha revelado uno de los casos más antiguos de enfermedad ósea de Paget documentados fuera de Europa.
El hallazgo, denominado Individuo 10, fue descubierto durante la campaña de excavaciones de 2023 en una de las zonas funerarias del yacimiento. Los restos, prácticamente completos, mostraban un patrón de lesiones poco habitual: engrosamiento del cráneo, formación de nuevo tejido óseo, curvatura del húmero izquierdo y del fémur derecho, fusión completa de una articulación entre el sacro y la pelvis, y una artrosis muy avanzada en la rodilla derecha. Estas alteraciones, según el estudio publicado en International Journal of Paleopathology, son compatibles con una forma poliostótica de la enfermedad de Paget, que afecta a múltiples regiones del esqueleto.
Qué revela el esqueleto sobre la enfermedad de Paget en el siglo XV
La enfermedad de Paget altera el proceso natural de renovación ósea, provocando una destrucción y reconstrucción anómala del tejido. En el caso del Individuo 10, los investigadores utilizaron técnicas como observación macroscópica, radiografías, tomografía computarizada y análisis de ADN antiguo para confirmar el diagnóstico. Los resultados mostraron una remodelación acelerada y desorganizada en el cráneo, la columna vertebral, la pelvis y varios huesos largos, un patrón característico de esta patología.
El estudio también realizó un diagnóstico diferencial para descartar otras enfermedades que pudieran explicar las lesiones. Aunque algunas anomalías dificultaron la interpretación, el conjunto de evidencias encajó mejor con la enfermedad de Paget. Las deformaciones en el fémur derecho y el deterioro avanzado de la rodilla sugieren que el hombre pudo haber soportado una carga desigual durante años, adaptando su biomecánica para compensar los efectos de la enfermedad. Sin embargo, los investigadores advierten que los huesos no permiten determinar el nivel de dolor que sufrió o si necesitaba ayuda para caminar.
Otro detalle relevante es el desarrollo simétrico de las inserciones musculares de los brazos, lo que podría indicar un uso intenso de las extremidades superiores. No obstante, los científicos no pueden vincular este hallazgo a una actividad concreta ni confirmar si el hombre utilizaba algún tipo de apoyo para desplazarse. «Los huesos nos cuentan una parte de la historia, pero no toda», explican en el estudio.
Un entierro normal en un asentamiento histórico
El Individuo 10 fue enterrado boca arriba, en posición extendida y sin ajuar, siguiendo el mismo patrón que el resto de individuos del cementerio de San Marcial de Rubicón. Este detalle es significativo, ya que sugiere que, al menos en el momento de su muerte, no recibió un tratamiento funerario diferente al de sus contemporáneos.
El análisis de ADN mitocondrial reveló además que el hombre pertenecía al haplogrupo X2c1, compatible con una ascendencia materna europea. Este dato refuerza la hipótesis de que vivió durante las primeras décadas de la expansión europea por el Atlántico, en un momento en el que San Marcial de Rubicón, fundado en 1402, era el primer asentamiento europeo permanente en Canarias.
El estudio ha sido liderado por investigadores de la Universidad de La Laguna y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en colaboración con otras instituciones dentro del Proyecto Rubicón.
Este caso arqueológico, uno de los más antiguos documentados, abre nuevas preguntas sobre su evolución y distribución geográfica a lo largo de los siglos.