El ‘rojopardismo’: cuando extrema izquierda y derecha rompen el muro democrático en Europa
El término alemán 'Rot-Braun-Allianz' describe la convergencia entre sectores radicales que erosionan los consensos democráticos. Alemania y otros países europeos ya registran coincidencias de voto entre formaciones opuestas ideológicamente, pero unidas en el rechazo al sistema. ¿Qué peligros entraña esta alianza tácita?
Europa asiste a un fenómeno político que desafía los cimientos de la democracia liberal: el rojopardismo. Bajo este término, acuñado en Alemania para describir la alianza entre sectores de extrema izquierda y extrema derecha, se esconde una erosión compartida de los consensos que han sostenido el continente desde 1945. No se trata de una fusión ideológica, sino de una coincidencia peligrosa en discursos y, en ocasiones, en votos que amenaza con normalizar a formaciones radicales.
El ejemplo más claro se encuentra en Alemania, donde el Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW), un partido escindido de Die Linke, ha comenzado a compartir banderas con la extrema derecha. Aunque el BSW mantiene reivindicaciones históricas de la izquierda —como la justicia social o la crítica al poder económico—, también ha adoptado posturas hasta hace poco exclusivas de Alternativa para Alemania (AfD): rechazo a un sistema europeo de defensa propio, escepticismo ante las sanciones a Rusia y un discurso antiinmigración. En los estados de Sajonia y Turingia, esta convergencia ya no es solo retórica: se han registrado coincidencias de voto entre ambas formaciones en mociones concretas.
El terremoto electoral en Sajonia-Anhalt: AfD a las puertas del poder
Las elecciones celebradas el pasado domingo 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt han supuesto un punto de inflexión. AfD obtuvo alrededor del 44% de los votos y 39 de los 83 escaños, quedando a solo tres de la mayoría absoluta. Este resultado no es una mera victoria electoral, sino un aviso: la extrema derecha está a un paso de gobernar un estado alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. El dato más inquietante, sin embargo, es el papel que podría jugar el BSW en este escenario.
Aunque el BSW procede de la izquierda, comparte con AfD posiciones clave: oposición a la inmigración, rechazo al establishment político y escepticismo ante el apoyo militar a Ucrania. Su disposición a no descartar una cooperación con AfD podría romper el cordón sanitario que hasta ahora ha impedido a la extrema derecha acceder al poder. Si esto ocurriera, se abriría una grieta histórica en uno de los principales diques democráticos de Europa.
El ‘rojopardismo’ más allá de Alemania: precedentes en Europa
El fenómeno no es exclusivo de Alemania. En Italia, el Movimiento 5 Estrellas —de difícil clasificación ideológica pero con una fuerte retórica antisistema— gobernó entre 2018 y 2019 en coalición con la Liga de Matteo Salvini, una de las principales fuerzas de la derecha radical europea. Aquella experiencia demostró que el rechazo a las élites, la inmigración y ciertas políticas europeas podía generar alianzas entre formaciones de tradiciones opuestas.
En Eslovaquia, el gobierno de Robert Fico incorpora al Partido Nacional Eslovaco, de corte nacionalista radical, mientras que en Finlandia, el Partido de los Finlandeses participa en el Ejecutivo junto a fuerzas de centroderecha. En España, VOX gobierna junto al PP en varias comunidades autónomas, y en Croacia, el Movimiento Patriótico, de carácter nacional-conservador, forma parte del Gobierno.
El caso de Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia y presidenta del Gobierno italiano desde 2022, es otro ejemplo de cómo la extrema derecha ha logrado consolidarse en el poder. Su partido, con raíces neofascistas, ha sabido capitalizar el descontento social y económico, al igual que AfD en Alemania.
La trascendencia de estos movimientos va más allá de las fronteras nacionales. El resultado en Sajonia-Anhalt refleja el desgaste de los partidos tradicionales y la capacidad de la extrema derecha para convertir el malestar económico, la inseguridad y la frustración migratoria en apoyo electoral. Si el BSW facilita un gobierno de AfD, aunque sea desde fuera, se producirá una normalización histórica de la extrema derecha alemana y una fisura profunda en uno de los pilares de la democracia europea.
El rojopardismo no es una fusión ideológica, sino una coincidencia estratégica que aprovecha el desencanto ciudadano. En los länder del antiguo Este alemán, donde AfD ya gobierna de facto en amplias zonas, el abandono económico y la fatiga democrática han creado el caldo de cultivo perfecto para que los extremos, aunque opuestos en su proyecto final, coincidan en aspectos clave. La pregunta que queda en el aire es si Europa está preparada para enfrentar las consecuencias de esta alianza tácita.