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sábado, 17 de octubre de 2026 · 21:56 · Santa Cruz de Tenerife
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0,81 segundos: así desafía el Tesla Roadster a las leyes de la física (y a los cohetes de SpaceX)

Elon Musk presenta el primer coche de calle que se pega al techo, acelera como un cohete y usa tecnología de SpaceX…

0,81 segundos: así desafía el Tesla Roadster a las leyes de la física (y a los cohetes de SpaceX)
El Tesla Roadster se pega al techo en una demostración en Texas usando tecnología de SpaceX.

El Tesla Roadster ya no es un coche: es un cohete con ruedas que desafía la gravedad. En una demostración en Texas, el prototipo de Elon Musk se pegó al techo de una rampa invertida, saltó por encima de otros vehículos de la marca y aterrizó como si nada. La clave no está en motores tradicionales, sino en un sistema de toberas de aire comprimido desarrollado junto a SpaceX que le permite acelerar de 0 a 100 km/h en 0,81 segundos. Y lo más sorprendente: no quema combustible.

El evento, celebrado en el campo de pruebas de SpaceX en McGregor, dejó imágenes que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. El Roadster subió una rampa invertida, se quedó boca abajo sin despegarse del suelo y luego ejecutó una voltereta en el aire antes de aterrizar. Todo esto usando aire a presión, el mismo principio que emplean los cohetes de SpaceX, pero sin explosiones ni llamas.

Cómo un coche puede volar (sin despegar del suelo)

El secreto del Roadster está en dos sistemas distintos. El primero es un sistema de succión inferior llamado ‘multi-mode suction system’, capaz de generar hasta 2 G’s de fuerza. Esto le permite adherirse al asfalto como si llevara imanes, incluso cuando está invertido. Tesla asegura que este sistema mejora el paso por curva y evita derrapes al acelerar a fondo, aunque su demostración más espectacular fue quedarse pegado al techo de una estructura.

El segundo sistema son las toberas de gas frío, diseñadas con la ayuda de ingenieros de SpaceX. Estas toberas no queman nada: almacenan gas a altísima presión en depósitos de fibra de carbono, los mismos que usa SpaceX en sus cohetes. En la demostración, el Roadster llevaba unos 600 litros de aire comprimido, suficientes para generar más de 80 kN de empuje. El escape sale a velocidad supersónica, creando los característicos diamantes de Mach en el chorro.

El vehículo puede recargar sus propios depósitos de aire, por lo que no necesita un propelente especial. Esto abre la puerta a maniobras repetidas sin repostar, algo impensable en un cohete tradicional. Sin embargo, hay un límite: más gas significa más tiempo de «vuelo», pero también más peso. Tesla ha optimizado el diseño para que el Roadster mantenga un equilibrio entre rendimiento y autonomía, que en la versión de calle supera los 480 kilómetros.

Tres versiones para tres niveles de locura (y de precio)

Tesla ha presentado tres configuraciones del Roadster, cada una más extrema que la anterior. La versión Performance, pensada para circular por carretera, es un biplaza con aerodinámica activa y el sistema de succión. Acelera de 0 a 96 km/h en menos de 1,6 segundos y tiene una reserva de 50.000 dólares.

La versión Thrust está diseñada para circuitos de competición. Incorpora toberas traseras adicionales que reducen el tiempo de aceleración a menos de 0,9 segundos. Su precio de reserva asciende a 250.000 dólares y tendrá una tirada limitada. Pero la joya de la corona es la versión Rocket, un monoplaza con toberas en todo el perímetro que le permiten elevarse, girar en el aire y aterrizar con precisión.

En la demostración en vivo, el Roadster estableció un récord no oficial al alcanzar los 100 km/h en 0,81 segundos. La batería y el conjunto motriz del Roadster, según Tesla, ofrecen un tercio más de potencia que un Model S Plaid, pero con la mitad de masa. Esto se traduce en una eficiencia sin precedentes en un vehículo de calle.

El diseño del Roadster también ha evolucionado desde su presentación en 2017. Adiós a las formas orgánicas y al rojo llamativo del prototipo original. Ahora, el coche luce un lenguaje más angular, inspirado en el Cybertruck, y un color blanco aeroespacial. La autonomía prometida ha bajado de los 1.000 kilómetros iniciales a más de 480, pero sigue siendo una cifra respetable para un deportivo eléctrico.

Las reservas ya están abiertas, aunque Musk ha sido claro: la producción no comenzará hasta 2028. Quienes reservaron en 2017 siguen esperando, pero ahora tienen la opción de actualizar su pedido a una de las nuevas versiones. Para los impacientes, Tesla ofrece la posibilidad de probar el prototipo en circuitos privados, aunque advierte que «no es un coche para el día a día».

Lo que está claro es que el Roadster ha redefinido los límites de lo que puede hacer un coche. Ya no se trata solo de velocidad o autonomía, sino de maniobras que desafían las leyes de la física. Y todo esto sin quemar una gota de combustible. Si Elon Musk cumple sus promesas, el futuro de la automoción no será eléctrico: será aeroespacial.

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